James, Henry - La lección del maestroReportar como inadecuado




James, Henry - La lección del maestro - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.

James, Henry - La lección del maestro. Libro para leer y descargar en PDF. Fuente: 10millibrosparadescargar.com


Introducción



LIBROdot.com HENRY JAMES LA LECCION DEL MAESTRO (The Lesson of the Master) (1892) 1 Le habían dicho que las señoras estaban en la iglesia, pero supo que no era así por lo que vio desde lo alto de las escaleras -descendían desde una gran altura en dos brazos, describiendo un círculo de un efecto encantador-, en el umbral de la puerta que, desde la larga y clara galería, dominaba el inmenso jardín.
Tres caballeros, sobre la hierba, a cierta distancia, se hallaban sentados bajo los grandes árboles, mientras que la cuarta figura lucía un vestido rojo que destacaba como un «poco de color» entre el verde fresco e intenso.
El sirviente había acompañado a Paul Overt hasta presentarle esta escena, después de preguntar si deseaba ir primero a su habitación.
El joven declinó tal privilegio, consciente de no haber sufrido deterioro alguno con un viaje tan corto y fácil y siempre deseoso de adueñarse de inmediato, por su propia percepción, de un nuevo escenario. Permaneció allí un momento, con los ojos en el grupo y en el cuadro admirable: los amplios terrenos de una antigua casa de campo próxima a Londres -eso sólo lo mejoraba-, un espléndido domingo de junio. -Pero, esa dama, ¿quién es? -dijo al sirviente antes de que el hombre lo dejara. -Creo que es Mrs.
St.
George, señor. -Mrs.
St.
George, esposa del distinguido...
-entonces Paul Overt se detuvo, dudando si este servidor lo sabría. -Sí, señor...
Probablemente, señor -dijo su guía, que parecía querer indicar que un huésped de Summersoft sería, naturalmente, siquiera sólo por alianza, distinguido.
Su tono, sin embargo, hizo que el pobre Overt apenas se sintiera así en ese momento. -¿Y los caballeros? -prosiguió Overt. -Verá, señor, uno de ellos es el General Fancourt. -Ah, sí, lo sé; gracias -el General Fancourt era distinguido, no había duda de ello, por algo que había hecho, o incluso quizá que no había hecho -el joven no recordaba cuál de las dos cosas- unos años antes en la...





Documentos relacionados