James, Henry - La fontana sagradaReportar como inadecuado




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Introducción



Digitalizado por http:--www.librodot.com Henry James La Fontana Sagrada 1 Era una ocasión, advertí ––la invitación a pasar un fin de semana en una mansión campestre––, para buscar en la estación a otros, posibles amigos e incluso posibles enemigos, que tal vez acudieran también.
Tales premoniciones, en efecto, engendraban temores cuando no conseguían engendrar esperanzas, si bien hay que matizar que a veces se daban, en casos así, equívocos harto graciosos.
Uno era mirado austeramente, en el compartimiento, por personas que a la mañana siguiente, tras el desayuno, demostrarían ser encantadoras; a uno le dirigían la palabra personas cuya sociabilidad subsiguientemente se mostraba restringida; y uno se confiaba a otros que ya no habrían de reaparecer...
pues sólo iban a Birmingham.
Nada más ver a Gilbert Long, un poco más lejos en el andén, empero, lo identifiqué como un partícipe.
No era tanto que el deseo fuera padre del pensamiento cuanto que recordaba haberlo visto ya en Newmarch más de una vez.
Era amigo de la mansión: no iba a Birmingham.
Tan escasamente confiaba yo, por otra parte, en que me reconociera, que me detuve antes de llegar al vagón junto al cual se hallaba: busqué un asiento que no me expusiera a su compañía. Sólo lo había tratado en Newmarch, lugar con un hechizo tan especial como para crear cierto vínculo entre sus invitados; pues siempre había dado, en otras ocasiones, tan escasas muestras de reconocerme que yo no podía menos que considerarlo estúpido para no tener que considerarlo ofensivo.
Lo cierto es que era estúpido, y en ese sentido no pintaba nada en Newmarch; pero no por ello dejaba de poseer, sin duda, su propia idiosincrasia, que aplicaba sin criterio.
Me pregunté, mientras hacía poner mi equipaje en mi rincón, qué sería lo que Newmarch veía en él...
pues siempre tenía que ver algo antes de hacer una señal.
Acaso le allanaba el camino su agraciada apariencia, que era impresionante: su b...





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