Blasco Ibañez, Vicente - La Apuesta de EsparrelloReportar como inadecuado




Blasco Ibañez, Vicente - La Apuesta de Esparrello - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.

Blasco Ibañez, Vicente - La Apuesta de Esparrello. Libro para leer y descargar en PDF. Fuente: 10millibrosparadescargar.com


Introducción



LIBR Odo t.
com Vicente Blasco Ibañez LA APUESTA DEL “ESPARRELLÓ” La oía una tarde de invierno, tumbado en la arena, junto a una barca vieja, sintiendo en los pies los últimos estremecimientos de la inmensa sábana de agua que espumaba colérica bajo un cielo frío, ceniciento y entoldado. Nazaret, con su extenso rosario de blancas casuchas, estaba a nuestras espaldas, y a mi lado un viejo pescador, momia acartonada, que parecía bailar dentro de su traje de bayeta amarilla, hinchado de aire.
Echábase la gorrilla de seth sobre una oreja y chupaba su pipa con la gravethd de un moro, en cuclillas, trazando con la mano, como un manojo de sarmientos, complicados arabescos en la arena. Había llovido fuerte allá por las montañas de Teruel: el río arrojaba en el mar su agua arcillosa fría, y todo el golfo teñíase de un amarillo rabioso, que a lo lejos debilitábase hasta tomar tonos de ro sa.
La estrecha faja verde que recortaba el límite del horizonte delataba que era un mar lo que parecía inundación de tisana. Y mie ntras mirábamos la rojiza extensión, en cuyo límite se marcaba como ligera nubecilla el cabo de San Antonio, la arremangath gente de Nazaret tiraba de los bolichones o se arrojaba en el agua sucia. El viejo adivinaba el éxito de la pesca.
Aquél era un bue n día.
Iban a caer los esparrellóns como moscas. Y eso que el esparrelló era el bicho más ladino y malicioso que paseaba por el golfo. ¿Que no lo sabía yo? Pues atención, que para comprender cómo las gastaba el tal animalito, iba a contarme un cuento, que indudablemente sería un sucedido, pues de no ser así, no se lo habría contado a él su padre. Y el buen viejo, siempre en cuclillas, sin soltar la pipa, comenzó a contarme un sucedido con su seriedad de lobo de playa, en un valenciano pintoresco, cuyas palabras silbaban al pasar por entre las desdentadas encías. También aquel día había crecido el río, y cerca de la orilla resba laba el bolichó traidoramente por ent...






Documentos relacionados