Bester, Alfred - El Hombre PiReportar como inadecuado




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Introducción



EL HOMBRE PI Alfred Bester ¿Cómo decir? ¿Cómo escribir? Cuando a veces puedo ser fluido, delicado incluso, y luego, recupero, pour mieux sauter, eso se apodera de mí.
Empuja. Fuerza.
Presiona. A veces debo retroceder pero no para saltar no, ni siquiera para saltar mejor.
No tengo control alguno sobre el yo, el lenguaje, el amor, el destino.
Debo compensar.
Siempre. Pero de todos modos lo intento. Quae nocent docent.
Sigue traducción: Lo que duele, enseña.
Yo estoy herido y he herido a muchos.
¿Qué hemos aprendido, sin embargo? Sin embargo.
Me despierto por la mañana del mayor dolor de todos preguntándome qué casa. Riqueza, comprendes.
¡Maldita sea! Una casa en Londres, una villa en Roma, otra casa en Nueva York, un rancho en California.
Me despierto.
Miro.
¡Ah! El aspecto del lugar en que estoy es familiar.
Así: Dormitorio Baño Baño Dormitorio Cocina Terraza ¡Oh, oh! Estoy en mi casa de Nueva York, pero ese baño-baño espalda contra espalda.
Puf.
Todo el ritmo desacompasado.
Desequilibrio.
El esquema resulta doloroso.
Telefoneo abajo, al portero.
En ese momento pierdo mi inglés.
(Hablo todas las lenguas.
Un goulash.
Estoy obligado.
¿Por qué? ¡Ah!) —Pronto.
Eccomi, Signore Storm.
No.
Obligado a parlare italiano.
Esperar. Llamaré otra vez en cinque minuti. Re infecta.
Latín.
Inconcluso el asunto me ducho, cuerpo dientes, pelo, me afeito la cara, lo seco todo y pruebo otra vez.
Voilá! El inglés, ella viene.
Otra vez al invento de A.
G.
Bell (-Señor Watson, venga aqui, le necesito-.) Por teléfono hablo con el portero.
Buen tipo.
Consigue liquidar un montón de trabajo en un dos por tres. —¿Sí? Aquí Abraham Storm otra vez.
Sí.
Exactamente.
Señor Lundgren, sea mi rabino personal y haga venir algunos obreros aquí esta mañana.
Quiero esos dos baños convertidos en uno.
Sí.
Dejaré cinco mil dólares encima de la nevera.
Gracias, Sr.
Lundgren. 1 Quería vestir franela gris esta mañana, pero tuve que ponerme el traje de -piel de ...





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