Berceo, Gonzalo de - Milagros de Nuestra SeñoraReportar como inadecuado




Berceo, Gonzalo de - Milagros de Nuestra Señora - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.

Berceo, Gonzalo de - Milagros de Nuestra Señora. Libro para leer y descargar en PDF. Fuente: 10millibrosparadescargar.com


Introducción



Gonzalo de Berceo Milagros de Nuestra Señora (extractos) Colección Averroes Colección Averroes Consejería de Educación y Ciencia Junta de Andalucía ÍNDICE PRÓLOGO.............................................................................
5 La casulla de san Ildefonso ..................................................
13 El monje embriagado ...........................................................
18 De cómo una abbadesa fue prennada et por su conbento fue acusada et después por la Virgen librada ...................................
25 El sacristán fornicario ..........................................................
40 Milagros de Nuestra Señora (extractos) PRÓLOGO Amigos e vassallos de Dios omnipotent, si vos me escuchássedes por vuestro consiment, querría vos contar un buen aveniment: terrédeslo en cabo por bueno verament. Yo maestro Gonçalvo de Verçeo nomnado, iendo en romería caeçí en un prado, verde e bien sençido, de flores bien poblado, logar cobdiçiaduero pora omne cansado. Davan olor sovejo las flores bien olientes, refrescavan en omne las caras e las mientes; manavan cada canto fuentes claras corrientes, en verano bien frías, en ivierno calientes. Avién hi grand abondo de buenas arboledas, milgranos e figueras, peros e mazanedas, e muchas otras fructas de diversas monedas, mas non avié ningunas podridas nin azedas. La verdura del prado, la olor de las flores, las sombras de los árbores de temprados savores, resfrescáronme todo e perdí los sudores: podrié vevir el omne con aquellos olores. Gonzalo de Berceo Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso, nin sombra tan temprada nin olor tan sabroso; descargué mi ropiella por yazer más viçioso, poséme a la sombra de un árbor fermoso. Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados, odí sonos de aves, dulces e modulados: nunqua udieron omnes órganos más temprados, nin que formar pudiessen sones más acordados. Unas tenién la quinta, otras tenién el punto, al pos...






Documentos relacionados