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Ancízar, Manuel - Peregrinación de Alpha: por las Provincias del Norte de la Nueva Granada, en 1850-51 - aripies furatena y otromundo - 8 Literatura y retórica - Literature - Fuente: Biblioteca de la Presidencia de Colombia


Introducción



Aripies, Furatena q Otromundo CAPITULO VI Cerca de las minas de esmeraldas, al otro lado de los cerros que demoran al oeste de las casas hay rancherías y labranzas en que habitan algunos indios aripies, resto de las numerosas tribus enemigas de los muzos.
Viven con cierta independencia sin sujetarse a trabajar como peones, ni tolerar poblaciones extrañas en lo que llaman su territorio, que pretenden se extiende hasta las riberas del Magdalena.
Estos no piden humildemente a los descendientes de los conquistadores un rincón de tierra para morir y subsistir bajo el título de resguardo, como lo hacen los demás indios reducidos.
Altivos todavía, y aspirando con el aire de sus bosques el sentimiento de su dignidad de hombres y de señores legítimos del suelo que habitaron sus padres, lo llaman suyo y hablan de sus apartados linderos con la naturalidad de propietarios seguros de su derecho.
Sin embargo, la civilización les dirá pronto que siendo pocos no es útil que se les dejen a ellos solos millares de leguas cuadradas de terreno, y se lo irán reduciendo a unas pocas fanegadas; y el hombre de las selvas verá con asombro este despojo, primer beneficio que recibirá de la sociedad civilizada.
¿Cómo ha de amarla entonces? Los aripies son de regular estatura, bien hechos de cuerpo, de facciones pálidas e inteligentes.
Visten ancho calzón blanco que llega a la rodilla, camisa también blanca de lienzo del país, sombrero de rama y sandalias de cuero.
A ellos se confía la construcción de los puentes colgantes sobre el Minero, contentándose estos ingenieros naturales con que les paguen un real diario a cada uno, y desempeñan su tarea con lealtad y prontitud.
Sus costumbres son puras y sencillas: obedecen y respetas a los ancianos, a las autoridades nuestras y a los blancos de porte decente; viven felices, -ni envidiados ni envidiosos-. Ignórase que haya en los alrededores de Muzo particularidad alguna o recuerdo de los primitivos moradores.
Habláronme ...






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