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Libro en PDF para leer online - Clásicos en Español - Alejandro Dumas - El castillo de Eppstein


Introducción



Obra reproducida sin responsabilidad editorial El castillo de Eppstein Alejandro Dumas Advertencia de Luarna Ediciones Este es un libro de dominio público en tanto que los derechos de autor, según la legislación española han caducado. Luarna lo presenta aquí como un obsequio a sus clientes, dejando claro que: 1) La edición no está supervisada por nuestro departamento editorial, de forma que no nos responsabilizamos de la fidelidad del contenido del mismo. 2) Luarna sólo ha adaptado la obra para que pueda ser fácilmente visible en los habituales readers de seis pulgadas. 3) A todos los efectos no debe considerarse como un libro editado por Luarna. www.luarna.com PRIMERA PARTE Introducción Ocurrió durante una de esas prolongadas y maravillosas veladas que pasamos, durante el invierno de 1841, en la residencia florentina de la princesa Galitzin.
En aquella ocasión, nos habíamos puesto de acuerdo para que cada uno contase una historia, un relato que, por fuerza, había de ser del género fantástico.
Todos habíamos narrado ya la nuestra, todos menos el conde Élim. Era un joven alto, rubio y bien parecido, delgado y pálido también.
Mostraba, normalmente, un aspecto melancólico, que marcaba un fuerte contraste con accesos de alocada alegría que en ocasiones sufría, como si de una fiebre se tratase, y que se le pasaban de forma súbita, como un ataque.
En su presencia, la conversación ya había versado sobre cuestiones semejantes; pe- ro cada vez que le preguntábamos acerca de apariciones, aunque no fuera más que la opinión que tenía sobre el particular, siempre nos había respondido, con una sinceri-dad de las que no dejan lugar a dudas, que él creía en ellas. ¿Por qué? ¿Cuál era la causa de aquella seguridad? Nadie se lo había pre-guntado nunca. Además, en lo tocante a estas cosas, uno cree en ellas, o no, y no resulta fácil dar con una razón que explique el motivo de tal fe o de tal incredulidad.
Por ejemplo, Hoffmann pensaba q...






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