Sentí que se me desprendiera el Alma: análisis de procesos y prácticas de socialización Reportar como inadecuado




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3 Ciencias sociales - Social sciences

En el relato de la historia de vida de Carmen prevalecen los golpes y las agresiones. Durante su infancia en el campo, su padre voleaba machete y cuando uno de los niños estaba cerca salía golpeado. Durante 23 años recibió palizas de su marido por múltiples causas: cuando llegaba a la casa borracho y sin jornal, porque se encontraba celoso, porque ella quería trabajar o porque sí. Al fin y al cabo él era el hombre y ella su mujer. A los 48 años logró desligarse, así él fuera el amor de su vida. En el sur de Bogotá un brujo la ayudó y sintió que una fuerza interna salió de su cuerpo y se depositó en la bola de cristal. Aunque sintió la muerte, después reaccionó y desde ese día no ha vuelto a recibir palizas. Más tarde inició otra relación marital en la cual empieza a compartir algunas tareas de su dura vida cotidiana. Ha educado a sus hijos e hijas, ocho en total; hoy es una madre comunitaria activa, asiste a cuanto curso se le presenta, se mueve por la ciudad como una hormiga y trabaja por la comunidad. La historia de Carmen es particular y única como todas las historias de vida y al mismo tiempo representa la historia de muchas mujeres de los sectores populares colombianos, quienes construyen sus vidas, las de sus familias, las de sus barrios, en medio de dramas similares; para ello deben adaptarse día adía a esta gran ciudad que exige todo tipo de retos y comporta múltiples choques culturales. En 1988 el Estado, dando una respuesta a viejas demandas de pobladoras de los barrios populares y apoyándose en experiencias autogestionarias de las comunidades, puso en marcha el programa Hogares de Bienestar HOBIS mediante el cual un amplio número de mujeres fueron reconocidas en el país como madres comunitarias, asumiendo nuevas responsabilidades en el cuidado de niños y niñas de las zonas pobres de las ciudades. La Universidad Nacional, a través del Programa Interdisciplinario de apoyo a la Comunidad y de profesoras y estudiantes del Departamento de Trabajo Social, realizaba para esta época un trabajo comunitario en Ciudad Bolívar, al sur de la capital, que abría caminos para formular diversos interrogantes sobre la socialización y las labores de crianza, las cuales, con la organización de los hogares de bienestar adquirían un interés especial para la sociedad colombiana en su conjunto. En este contexto se gestó la investigación que dio base a esta obra, que tiene como punto de partida preguntas sobre la dinámica que adquieren las representaciones sociales respecto a las labores de socialización y crianza; sobre qué se mantiene y qué se transforma en el curso de las vidas de mujeres de sectores populares; sobre las concepciones, valores y prácticas que orientan el cuidado de la niñez, y sobre las condiciones que acompañan estos procesos. Al iniciar la investigación partimos de una hipótesis: las prácticas socializadoras de las madres comunitarias reproducen las tradiciones paternas y maternas; pero cuando conocimos sus vidas y contrastamos la forma como realizan hoy estas tareas, esta hipótesis se complementó y se transformó: las prácticas socializadoras de estas mujeres reproducen y transforman los roles que cumplieron sus padres y sus madres. Los significados que confieren en la actualidad a la infancia, al ser niño o ser niña, a la autoridad, al juego, a la maternidad, a la crianza, al trabajo doméstico y a múltiples otras formas de trabajo femenino, están permeados por contradicciones y cambios. Algunas veces se entra en conflicto con los discursos ancestrales y se introducen prácticas para transformarlos en la acción. Otras veces la fuerza de las tradiciones se mantiene en el quehacer cotidiano. La dinámica del mantenimiento y el cambio en estrecha e indisoluble relación se comprueba al confrontar los relatos sobre las etapas del ciclo vital de este grupo de mujeres, cuando estudiamos su relación de pareja y sus experiencias de participación socio laboral y comunitaria. No es posible analizar sus vidas bajo un solo prisma; su relación marital contiene una dinámica de conflicto en la cual fluyen intensas luchas por su identidad y el rompimiento de los modelos tradicionales. Fue también posible confrontar su ciclo vital con los modelos sobre los niños y niñas de otros estratos sociales. En este caso, las niñas se convierten en adultas muy rápido y la maternidad rige por completo sus vidas; sus proyectos vitales se concentran con fuerza en sus hijos e hijas. Los relatos dan cuenta también del incesante trabajo realizado dentro y fuera del hogar, en el cual al mismo tiempo que reproducen las funciones tradicionalmente asignadas a las mujeres van gestando procesos de interacción con otras mujeres que les permiten reconocer una historia común y preguntarse sobre sí mismas y su realidad. Este libro realiza un recorrido analítico-descriptivo por las etapas constitutivas del ciclo vital de un grupo de mujeres de sectores populares de Bogotá, en el cual la pregunta sobre los procesos de socialización atraviesa los capítulos que lo constituyen.

Tipo de documento: Libro - Book

Palabras clave: Procesos de Socialización, Roles de Género, Trabajo Doméstico, Relaciones Interpersonales, Feminidades, Masculinidades, Relaciones Famliliares, Androcentrismo, Mujeres de Sectores Populares, Machismo, División Sexual del Trabajo

Temática: 3 Ciencias sociales - Social sciences3 Ciencias sociales - Social sciences 31 Colecciones de estadística general - Statistics





Fuente: http://www.bdigital.unal.edu.co


Introducción



CAPITULO VI Participación Social: Nuevas Lecturas de las Relaciones entre lo Privado ylo Público. YO PREFIERO TRABAJAR EN COSAS QUE NO ME HAGAN SALIR DE lA CASA Relato No.
71 T oda mi vida ha sido de trabajo: Desde niña y ahora más.
En la casa, en el campo, en el barrio; por ese trabajo no he recibido siempre la paga. Mis trabajos eran con todo lo que es el oficio doméstico: cocinar, lavar ropas, cuidar niños, arreglar, ya fuera en mi casa, o en casas de familia; eso fue lo que aprendí y en eso me tocó colocarme cuando llegué a Bogotá.
Claro que a todo lo que uno hace en la casa no le llaman trabajo sino hacer oficio, como si el oficio no fuera trabajo porque no se ve, no se paga y se hace en la casa como si fuera una obligación de una como muJer. Cuando me casé me tocó dejar de trabajar porque mi esposo no me dejaba; yo a veces trabajaba contra su voluntad y a escondidas, porque de dónde íbamos a sacar lo que necesitábamos para tantos gastos si el sueldo de él no alcanzaba? Hubo épocas en que hacía tamales y perros calientes y los vendía en el barrio; con eso completaba para la comida de los chinos y a 1 Las historias tipo de los relatos No.s 7 y 8 incluyen testimonios recopilados por Elsa Olid Rondón y Constanza Ardila, y consignados en sus Monografías de Grado (Véase Bibliografía) 149 veces hasta me servía para pagar el lote.
Cuando los chinos fueron creciendo aprendí a tejer y quise defenderme vendiendo saquitos, pero eso no tiene mucha salida. A veces cuidaba los niños de unas vecinas y ahí recogía unos pesitos cuando tenía que cuidarlos todos los días.
Yo prefiero trabajar en cosas que no me hagan salir de la casa, porque así puedo atender mejor a mis hijos y me evito problemas con mi marido.
Por eso fue que durante un tiempo puse una tiendita, y empecé a luchar y luchar, pero cada vez iba para abajo el negocio; yo compraba un bulto de papa para vender y mis hijos lo cogían para jugar como piedras.
A veces mi esposo ...






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