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Autor: Ingenieros

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



José Ingenieros Sobre el amor Fragmentos del libro en prensa «Al margen de la Ciencia» I Amor y timidez son estados de espíritu absolutamente inseparables.
Amar es temer.
El amador teme a su amada como el albino teme a la luz; el amor ciega como el albinismo.
La teme por sí y por ella.
Teme ser inferior al concepto en que desearía ser tenido, no responder al juicio en que se le estima, romper el propio ensueño con una palabra inoportuna, con un atrevimiento imprevisor, con un gesto brusco.
La pasión unánime es niebla que empaña, tul que mitiga, resplandor que deslumbra; idealiza las cosas borrando sus contornos, las esfuma en penumbras de imaginación, las fragiliza en demasía.
En el espíritu ebrio de emociones la persona amada parece el polen de una flor endeble que toda leve aura puede volear para siempre; caja musical complicadísima cuyo engranaje trabaría un visible átomo de polvo; telaraña sentimental que se quiebra al calor de toda llama; seda suave de Esmirna que una gota de rocío mancha por toda la eternidad. Amar es sufrir agradablemente; es gozar de una ansiedad perenne, de un sobresalto ininterrumpido.
Es mirar al objeto amado y suponer que las miradas pueden ajarlo, tocar su mano con la inquietud de que sus dedos puedan resquebrajarse entre los propios; oírlo hablar temiendo que el de las palabras enmudezca sus labios. El que ama llora a solas sin saber por qué: es un esclavo del propio miedo. Hombres audaces con otras cien mujeres se espantan cierto día frente a una.
El fenómeno parece extraño.
¿Cómo? ¿El más osado, el más impertinente, el más afortunado, tiembla –––––––– 385 –––––––– ante esa mujer? Es paradojal, pero lógico.
El hombre que sabe engañar a mil casquivanas sin amarlas, es incapaz de conquistar a la única que ama. Citando se atreve -si alguna vez lo ensaya- se limita a ofrecer su esclavitud incondicional.
Es la historia eterna: Don Juan se arroja a las plantas de doña I...






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