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Autor: Echeverría

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Juan Abel Echeverría Selección Ave María A mi hermana Mercedes Ora, niña.
Cantó ya entre las ruinas el himno de la tarde el solitario; y envuelto en sombra el pardo campanario dio el toque de silencio y oración. Murió ya el día, se enlutó la tierra; 5 la golondrina vuelve a su techumbre; y del ocaso a la rojiza lumbre se recoge devoto el corazón. Todos rezan: los niños dulcemente con la envidiable fe de la inocencia; 10 el hombre con la hiel de la experiencia; la virgen con el fuego de su amor. Y en el hogar los respetuosos hijos, al hermano agrupándose el hermano, se prosternan al pie del padre anciano 15 y él los bendice en nombre del Señor. Ora, amor mío: cuando así te miro, de hinojos puesta sobre el duro suelo, me pareces un ángel que su vuelo va hasta el Edén, tranquilo a remontar.
20 Feliz, entonces, con tu gloria canto, te sigo en la ilusión de mi deseo; mas, si vuelvo la faz y aquí te veo, una lágrima entúrbiame el mirar. -528¡Si ahuyentar el dolor de la existencia 25 de tu inocente corazón pudiera, y la estrella de paz siempre luciera, en tu serena frente angelical.! ¡Ah, si pudiera yo, pobre ángel mío, verter mi sangre y darte la ventura; 30 blanda encontrara la honda sepultura, y bendijera de mi vida el mal! Tú ignoras -y lo ignores siempre, niña-, del mundo las amargas decepciones; mas yo ¡ay de mí! conozco sus pasiones, 35 y su falsía y sus quimeras sé. Mas ¡tú lo puedes.! con tu puro ruego virtuoso porvenir de Dios alcanza; pídele santo amor, firme esperanza y, como el sol, ardiente y viva fe.
40 Ora, niña, por mí; cuando tu labio murmura fervoroso una plegaria, envía Dios a mi alma solitaria un rayo de esperanza seductor; el ángel de tu guarda casto beso 45 da a tu tranquila, pudorosa frente, y por la escala de Jacob, luciente, tu ruego sube al trono del Señor. Cuando el árbol al roce de la brisa parece sollozar en la llanura, 50 y el arroyo cruzando la espesura con la hoja seca murmurando va...






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