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Autor: Pardo Bazán

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Emilia Pardo Bazán Santos Bueno Hacía tiempo -muchos meses- que no le veía yo por ninguna parte: ni en la calle, ni en el Casino de la Amistad, ni en la Pecera, ni siquiera en la barriada nueva que se está construyendo.
Porque Santos Bueno es de los que tienen afición a ver edificar y gustan de plantarse delante de los andamios con las manos a la espalda, diciendo sentenciosamente: «Estas sí que son vigas de recibo; no pandarán». Extrañando tan largo eclipse, temiendo que Santos Bueno estuviese enfermo de cuidado, resolví buscarle en su casa, donde le encontré entregado a sus habituales tareas, apacible y afable como de costumbre. -¿Qué es esto? ¿Se ha metido usted cartujo? ¿Es voto de clausura? -No, señor.; ¡no, señor! -respondió sonriendo Santos-.
Si yo salgo y me paseo.
No parece sino que vivo encerrado. -¿Que sale usted? Pues no le veo nunca. -Porque salgo un poco tarde., a las horas en que no hay gente. -Esconderse se llama esa figura. Volvió Santos a sonreír con aquella su indescriptible expresión enigmática, y dijo tranquilamente: -Pues ha acertado usted.
Hay ocasiones en que.
se encuentra uno muy a gusto escondido. Adiviné que bajo la teoría de las ventajas del escondite se ocultaba alguna crisis dolorosa de la vida de Santos Bueno. Yo creía conocerle, y además sabía su historia y sus aspiraciones, como se saben en un pueblo pequeño las de cada hijo de vecino.
Santos Bueno era un burgués modesto, sin grandes aspiraciones; ni pobre ni rico, poseía un capitalito, producto de la afortunada venta de unos bienes patrimoniales, lindantes con el prado de un indianete, que por tal circunstancia los había pagado a peso de oro. Con estos caudales, Santos proyectaba realizar un sueño ya muy antiguo: construirse en las afueras de la ciudad una casita que tuviese jardín y vivir en ella sin emociones, pero sin desazones, cultivando legumbres y rosas.
Es de advertir que la casita con jardín es la bella ilusión de los marinedin...






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