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Autor: Díaz Romero

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Eugenio Díaz Romero Poniente trágico Cae la tarde en el estuario. Los violines de las selvas centenarias lloran largos misereres. Los sauces se estremecen bajo el soplo de la brisa, y sus lacias cabelleras de mujeres desoladas por el llanto de su sueño funerario, 5 rozan la onda que se irisa como un cuerpo bajo el trémulo contacto de una mano. Finge inmensos y fantásticos bajeles, fabulosas grutas de oro, caravanas infinitas de enigmáticos camellos, 10 crines crespas y flotantes de corceles. El crepúsculo violento que se extiende por el cielo, cual mirífico océano hecho todo de destellos de joyeles, cual incendio de amatistas y zafiros; 15 como rauda catarata de esmeraldas y turquesas desprendida de lo alto en briosos giros; como el gran derrumbamiento de una Alhambra portentosa, cuyos finos capiteles y arquitrabes se convierten en pavesas 20 bajo la ígnea llama ardiente del ocaso, bajo la ígnea llama ardiente que hace rosa de corola y tallo suaves, de la nube crujidora como un raso. Y en los ámbitos azules 25 desparrama largos tules en que imprime el sol poniente los colores atrevidos de su gama. Cae la tarde como lluvia de turquesas.
Los suspiros 30 de los árboles gigantes que decoran la ribera desfallecen en el fondo de los tibios horizontes, como queja plañidera de las arpas rumorosas de los montes. Una gran melancolía se difunde por el ámbito sereno.
35 La tristeza de las tardes desoladas se levanta desde el lecho de los mares y se extiende por doquiera. El silencio pulveriza los sonidos en su seno, –––––––– 307 –––––––– y cual amplio cendal fino cubre todos los objetos que se alzan a lo largo 40 de las márgenes calladas. Derrepente, de las ondas silenciosas y amarillas, surge suave y lentamente una nave, por un lívido remero tripulada.
45 Boga lejos de las plácidas orillas, cual si un lúgubre presagio, un duelo amargo, en las hondas lejanías la internara. Yo conozco ese fantástico remero. un dolor in...






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