Mi DefensaReportar como inadecuado




Mi Defensa - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: Sarmiento

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Domingo Faustino Sarmiento Mi Defensa Vaya un Fresco para Don Domingo Godoy que ha caminado tanto estos días Nunca somos tan ridículos por las cualidades que tenemos como por las que afectamos tener.
La más peligrosa ridiculez de los viejos que han sido amados, es olvidarse de que ya no lo son.
Más irremediable es la envidia que el odio. Máximas. La Rochefoucault: Me detendré un momento a explicar las circunstancias que han motivado la enemistad del señor don Domingo Godoy y el origen de esta prevención con que me persigue; porque aunque él diga lo que quiera, se le trasluce por sobre las ropas que me aborrece con todas las fuerzas de su alma, lo que es mucho decir, porque su fuerte es aborrecer.
¡Ha aborrecido a tantos en su vida! San Juan es una ciudad de casuchas, una aldea, un pobre pueblo.
En El Zonda, periódico que redacté allí yo, y no el señor Domingo S.
Godoy, como han creído algunos aquí, lo he caracterizado bien, según se verá luego, cuando lo enseñe en la Bolsa.
En este cuitado pueblo encontré, a mi regreso de Chile, al señor Godoy, con un carácter semi-oficial, de Cónsul o qué sé yo qué, con los barruntos de agente diplomático de primera categoría; con todo el alto tono y refinamiento de una capital; con sus aires de hombre de corte y con la pretensión de un galán de treinta años a lo sumo, para cuyo objeto se rasuraba mañana y tarde a fin de que no apareciesen ciertas porfiadas canas que habrían probado que era pollo que no se cocía de dos hervores.
A esto alude al atribuirme en sus escritos treinta y seis años de edad, es decir, dos años menos de los que él tiene, porque siempre hemos pasado por jóvenes de una misma edad.
¡En la provincia todo pasa! Este mozo, como dicen por allí, hacía profesión de galantear muchachas, y solía tomar palco por temporadas en las costillas de una pobre niña, a quien susurraba amoríos.
Era el señor Godoy el tipo de la galantería en aquella provincia, y aunque yo era un...






Documentos relacionados