Las sementerasReportar como inadecuado




Las sementeras - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: Gabriel y Galán

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Las sementeras José María Gabriel y Galán Con el relente que le dé tempero, la madrugada roció la tierra. Se siente frío en la besana húmeda; el terruño está solo.
Ya alborea. Lo dice levantándose del surco la alondra mañanera que desgrana en el aire de sus trinos hilo copioso de sonantes perlas. Ya sale el sol de las mañanas tibias, ya sale el sol de las mañanas buenas, sol de salud, incubador de gérmenes, sol de la sementera. No tiene mis testigos y cantores que yo y la alondra en la besana escucha, ni más espejos que el regato limpio y el rocío en las puntas de la hierba. Viene triunfante, coronado de oro; radiante viene levantando nieblas y evaporando el marinal relente que parece el aliento de la tierra. Ya llegan mis gañanes con las yuntas canturreando la canción primera que les arranca el equilibrio plácido del bien venir de la mañana buena. Rayando los timones el camino, y en alto la mancera, vienen los bueyes con la cruz que forman el yugo y el arado en la cabeza. Ya escucho golpes secos de mazos y de azuelas, silbidos cariñosos, nombres de bueyes que en besana entran y uno que suena compasado ruido como de riego de menudas perlas al desplegarse el abanico de oro de la simiente que los mozos riegan. Estoy en el repecho presidiendo mi hermosa sementera. Todo lo escucho con avaro oído: el blando hundirse de las anchas rejas; el suave rodar hacia los lados de la mullida tierra; el alentar pujante de los bueyes, de cuyos bezos charolados cuelgan tenues hilos de baba transparente que el manso andar no quiebra; aquel pausado y firme posar de sus pezuñas gigantescas; el crujir dormilón de las coyundas que el yugo pulimentan; un aliento de brisa tan suave que apenas se menea, un hondo y general rumor de vida y un ruido sordo de pujante brega. Y tal como si el alma del terruño viniese toda condensada en ella, la tonada de arar surge solemne, la tonada de arar al alma llega cantando cosas dulces, diciendo cosas buenas. Sus mansas recaídas...





Documentos relacionados