Melodía criollaReportar como inadecuado




Melodía criolla - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: López Velarde

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Ramón López Velarde Melodía criolla La llegada de Manuel M.
Ponce me incita a retocar un tema que alguna vez he apuntado: el criollismo de nuestro arte. No somos ni hispanos ni aborígenes, pese a los que se llaman tradicionalistas o progresistas.
Aquello de: «en indio ser mi vanidad se funda», hállase tan desacreditado como la ingenuidad metafórica de los «cachorros de España».
En consecuencia, los vagidos populares del arte, y aun el arte formal, cuando se anima de una pretensión nacionalista, deben contener no lo cobrizo ni lo rubio, sino este café con leche que nos tiñe.
Afortunadamente, tal convicción se va extendiendo de día en día entre los que trabajan con mayor seriedad. La música sabe que ése es su camino.
Los más decorosos compositores que han laborado para la multitud han sorteado lo peninsular y lo indígena, para permanecer criollos.
Así Rosas; así Abundio Martínez; así Villalpando que con su marcha ha trastornado a la mitad de los mexicanos; así Campodónico, con su Club verde; así Alberto M.
Alvarado; así el rapsoda jalapeño Garrido, autor de Cuando escuches este vals; así cuantos han sido capaces de acertar con la vibración genuina. La música y la letra de las canciones típicas nos orean la cabeza como un relente que viene de los prados de ayer, a beneficiarnos en la desazón ciudadana.
No nos cerremos neciamente orgullosos- a la melodía nativa.
Hagámonos como niños, según la sacra sentencia; que el relente que nos busca (proceda de un punto del Atlántico o del Pacífico, o del riñón de los Andes, o de la Mesa Central) pueda persuadirnos con su ideología primaria y con la impericia de su susurro.
Como aquella historieta.
«Para conseguir amor de una molinera hermosa, fue al molino un pescador, y a su puerta suplicó, más ella se burló de él, diciéndole: no te aflijas tú por mi amor, no puede ser que pretendas tú mi querer.
Mas el tiempo transcurrió, y la molinera cruel, vieja y sola se quedó, sin be...






Documentos relacionados