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Autor: Cabanes Jiménez

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Entre la calle y el claustro ¿cuál es la dicha mayor? Pilar Gonzalbo Aizpuru —53→ Naturaleza feliz Pues ya te ves tan cercana a conseguir tu remedio llega a la fuente sagrada1. Anhelo permanente del género humano, difícil de definir en cualquier época, y efímera por su propia naturaleza, la felicidad fue aspiración de los novohispanos, siempre codiciada y con frecuencia inalcanzable.
Poetas, novelistas y dramaturgos recurrieron por entonces, como lo hacen hoy, a la ficción de sentimientos de alegría y de tristeza, afecto, odio o desdén, pasión o indiferencia, picardía o inocencia, en la eterna búsqueda de una felicidad que se imaginaba identificada con el amor correspondido y que difícilmente podría sintetizar una vida venturosa. Difícil es también para el historiador reconocer las circunstancias personales, familiares y sociales que permitían a los hombres y mujeres del México colonial sentirse satisfechos con su suerte y capaces de gozar experiencias y éxitos personales. La complejidad en la definición de la felicidad se agrava por la frecuente contradicción entre su representación mental y los sentimientos individuales, eminentemente subjetivos, impredecibles y variables, y por los juicios de valor implícitos en los documentos de la época, así como por los que inevitablemente distorsionan nuestras apreciaciones. La satisfacción de las necesidades biológicas era, obviamente, —54→ imprescindible para alcanzar un aceptable bienestar, pero ni esto podía ser suficiente ni la mayor abundancia de posesiones materiales garantizaría un mayor disfrute de la vida. Y ya que esto es así en cualquier época y lugar, lo que en cada caso señala la diferencia entre la felicidad y la desdicha es la relativa armonía entre los valores apreciados y las oportunidades de alcanzarlos.
Lo ideal tendría que considerar la conjunción de bienes materiales y espirituales.
Un momentáneo deleite sensual podía convertirse en fuente de angustias y ...






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