En las selvas lejanasReportar como inadecuado




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Autor: Goycoechea Menéndez

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Martín Goycoechea Menéndez En las selvas lejanas I La fúnebre procesión salió del rancho, semienvuelta entre nubes de incienso, quemado por los muchachos en pequeños braseros de barro cocido, y penetró en la picada que atravesaba la selva de norte a sur. En aquella luminosa mañana de primavera, los albos trajes de las mujeres imprimían una nota de violenta blancura sobre la radiante esmeralda del bosque. A la cabeza del cortejo marchaba la abuela, llevando sobre su cabeza el diminuto féretro, dentro del cual el cadáver del niño mostraba su rostro delicado y cobrizo, entre una aureola de flores de papel picado y de claveles purpúreos. El espumoso ñandutí de la mortaja encrespábase a impulsos del viento tibio y perfumado, que venía del naciente.
Entre las manos del minúsculo cadáver lucía una rama de arrayán teñida con polvos de oro. Hacia atrás marchaban las mujeres vestidas con cortas enaguas de algodón silvestre, luciendo sobre el cuello el sangriento collar de corales de gruesas (2) cuentas y colgantes de bronce y enseñando a través de los delicados encajes de las camisas, sus carnes elásticas, de tonalidades brillantes y bronceadas.
Algunas de ellas llevaban coronas de azucenas de los arroyos, otras, hojas de pindó, la gran palmera en la cual el viento llora su llanto de mil años.
Varios chicuelos, tomados de las manos de sus madres, arrastraban guías de enredaderas repletas de tirsos irisados. Por entre el bosque la procesión seguía silenciosa y lentamente en medio de aquella vida despertada en inauditas lujurias, con estallidos triunfales.
Sobre la arena rojiza brotaban helechos de finas hojas, palmas enanas, lirios azulados, rosáceas de violentos perfumes, jazmines violetas, alzándose junto a los dragos destilando sangre y a los mamones que derrochaban oro en la pulpa de sus frutos aromados.
[52] Las trepadoras, surgiendo de la tierra como infinitos haces de músculos desgarrados, se apretaban a los troncos de los cedros, ...






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