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Autor: Mármol

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



José Mármol Alcira No cuando asoma engalanado Apolo Por las doradas puertas del Oriente, Ni cuando en el cenit, más refulgente, Luce sus rayos de uno al otro polo: Es tan hermoso, tan luciente y bello, Cual es de Alcira el brillador cabello. Ni de las flores la que el aire alienta, Más cándida, más pura que la nieve Cuando en los Andes fugitiva y leve, Se desliza veloz y ufana ostenta Su brillantez lozana y cristalina, Puede igualar su tez alabastrina. Ni más de admiración se extasia el alma, Cuando al nacer, del Plata adormecido, El astro de la noche, el vasto fluído Surca con majestad y noble calma: Como al mirar en la hija del Oriente La dignidad altiva de su frente. Ni aquel lucero que en el norte fijo, De guía sirve al triste caminante; Ni el otro que en el sur siempre brillante Tiene su trono de oro más prefijo: Podrán lucir si la inocente Alcira Con sus divinos ojos tierna mira. Dos labios que cual rosa purpurina, Ni envidia tienen al carmín más rojo, Ni a los corales, que del mar despojo, Lleva en su seno la onda cristalina: Guardan risueños, puros e inocentes Los más hermosos nacarados dientes. Su garganta los Dioses Celestiales Con sus divinas manos la tornearon: Su pecho los amores lo formaron Para turbar la calma a los mortales; Pues si se agita en inocente juego, Dos globos de marfil palpitan luego. De sus hombros por Venus redondeados, Y del frescor de rosas revestidos, Se deslizan simétricos, pulidos, Sus brazos de alabastro matizado: Que para embelesar al ojo humano Suspenden la más linda y breve mano. A su esférico talle deleitoso Las gracias y el Amor han dibujado, Y las gracias y amor han retra(ta)do de Venus, en Alcira, el talle airoso: Que prestándose blando al movimiento Embriaga de deleite el pensamiento. II ¡Peregrina beldad! ¡Oh, si pudiera Mi leve acento conmoverte un día! ¡Si un día grata mi fortuna impía Tu virgen pecho palpitar hiciera, Ah, como soplo v...






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