Al general FloresReportar como inadecuado




Al general Flores - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: de Olmedo

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Al general Flores vencedor de Miñarica José Joaquín de Olmedo Cual águila inexperta, que impelida del regio instinto de su estirpe clara, emprende el precoz vuelo en atrevido ensayo, y elevándose ufana, envanecida, sobre las nubes que atormenta el rayo, no en el peligro de su ardor repara, y a su ambicioso anhelo estrecha viene la mitad del cielo; mas de improviso, deslumbrada, ciega, sin saber dónde va, pierde el aliento y a la merced del viento ya su destino y su salud entrega, o por su solo peso descendiendo se encuentra por acaso en medio de su selva conocida, y allí la luz huyendo, se guarece, y de fatiga y de pavor vencida, renunciando al imperio, desfallece: así mi Musa un día sintió la tierra huir bajo su planta, y osó escalar los cielos, no teniendo más genio que amor patrio y osadía: en la región etérea se declara grande sacerdotisa de los Incas; abre el templo del Sol, flores y ofrendas esparce sobre el ara, ciñe la estola espléndida y la tiara; inquieta, atormentada de un dios que dentro el pecho no le cabe, profiere en alta voz lo que no sabe, por ciega inspiración; tiemblan los reyes escuchando el oráculo tremendo; revelaciones, leyes dicta al pueblo, describe las batallas, de la patria predice la victoria y la aplaude en seráficos cantares; de los Incas deifica la memoria, y a sus manes sagrados si tumba les faltó, levanta altares; mas cuando ya su triunfo absorta canta, atrás la vista torna, mide el abismo que salvó, y se espanta, tiembla, deja caer el refulgente sacro diadema que sus sienes orna, y flaco el pecho, el ánimo doliente, cual si volviera de un delirio, siente, y de la santa agitación rendida, queda en lento deliquio adormecida. En vano el bronce fratricida truena y de las armas rompe el estallido, y al recrujir el carro de la guerra, se siente en torno retemblar la tierra; y el atroz silbo de rabiosas sierpes que la Discordia enreda a su melena en sed mortal los pechos enfurece, y de la antigua silla de los...






Documentos relacionados