Julio Cortázar y las ruedas del buddhismo zenReportar como inadecuado




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Autor: López Salort

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Julio Cortázar y las ruedas del buddhismo zen Daniel López Salort* daniellopezsalort@hispavista.com 1.
Plantearse escribir sobre Julio Cortázar y el Zen es casi como partir de una contradicción, ya que todo aparentemente aconseja a quien esto escribe hacerlo desde un observatorio no riguroso y no formal, con un estilo que huya de la toga y la ceremonia de postgrado, y se hermane con aquello de “Acabo siempre aludiendo al centro sin la menor garantía de saber lo que digo; cedo a la trampa fácil de la geometría con que pretenden ordenarse nuestra vida de occidentales: Eje, centro, razón de ser, Omphalos, nombres de la nostalgia indoeuropea.
Incluso esta existencia que a veces procuro describir, este París donde me muevo como una hoja seca, no serían visibles si detrás no latiera la ansiedad axial, el encuentro con el fuste.
Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto.
A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo, de que ocho por ocho es la locura o un perro” (Julio Cortázar, 1984: 24, 25) o, lo que es peor: “no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia” (Idem, 1984: 21). Esto, si lo planteamos desde Cortázar.
Y si nos fijamos simplemente en T’sen T’sang (aproximadamente Siglo VI d.C.) y su poema HsinHsin-Ming nos encontramos con expresiones buddhistas tales como: “Cuando escoges alguna cosa - pierdes su verdad absoluta.
No persigas las complicaciones exteriores.
No demores el vacío interior. (.) Olvidemos el por qué de las cosas” (Linssen, 1978: 45, 46), o: “Si oyes el sonido de una mano, ¿me lo puedes hacer oír también?” (Suzuki, 1976: 76).
Con semejantes antecedentes, uno se siente tentado a clausurar este escrito aquí, y quedarse rumiando (el verbo es el adecuado) que el punto de partida ha sido en realidad el de llegada. 2.
La contradicción no es tal, porque si algo hay en Cortázar y en el...






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