La Escuela de don Juan PeñaReportar como inadecuado




La Escuela de don Juan Peña - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: Obligado

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Pastor Servando Obligado La Escuela de don Juan Peña (TRADICION del ULTIMO DÍA de la TIRANÍA) Aquí se enseña á amar á la Patria. I Allá por los años de 1825 en una casa vieja se abría una escuela nueva.
El maestro era joven, y su sistema de enseñanza rejuvenecido con las innovaciones de Lancáster.
Sin escribir libro alguno, muchos ejemplares publicó que, á la vez, sin ser reimpresos, perdura, sino su lectura, su enseñanza en numerosos descendientes de sus educandos. Puede recordarse en justicia que la Escuela de don Juan Peña hizo escuela.
No fué simple maestro de palotes, si bien muestras de su propia letra decoraban los muros, notables por su hermosa caligrafía, A la enseñanza primaria agregó la de dibujo y francés, no llegando á la de solfeo ó canto, pues éste se oía á todas horas en desconcierto, que por oleadas entraba á interrumpir el silencio de la clase, gangolina infernal de chinas y gringuería en el mercado contiguo que parecía merienda de negros. En el mismo solar se había abierto en 1792, el primer Teatro de la Ranchería; desde entonces todo el barrio quedó cantando por esa «calle de los mendocinos», ó arribeños con tonada de la sierra antes de napolitanos ambulantes. Casa vieja en la esquina de Santa Clara y Chacabuco, frente la «Botica de los Angelitos», transformados hoy en discípulos de San Crispín, sin duda, por exigir más fuerte calzado nuestras malas calzadas, que ungüentos y cataplasmas la progresiva ciudad del buen aire.
Detalle de memoria infantil: una de las pocas casas de tres pisos en los tiempos de antaño, esa en que don Juan Dillón estableció su farmacia, actual zapatería, y en cuya propia calle, á pocas cuadras, elévanse actualmente catorce pisos del primer rascacielos.
Oficina de Ajustes, no atinamos si para tornillos flojos, de tantos que cruzan la bajada, ó para ajustarles las cuentas á empleados en la aduana vecina, acostumbrados á que se les quemen los libros, y también los dep...






Documentos relacionados