La primera persona narrativa en Platero y yoReportar como inadecuado




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Autor: Román

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



La primera persona narrativa en Platero y yo. La utilización de la primera persona en la narración es un recurso tan empleado que a veces pasa inadvertido.
Sin embargo, nunca es casual, y responde a unos condicionamientos y a una intencionalidad muy clara por parte del autor.
En Platero y yo nos enfrentamos con un caso particular y agudizado en el que el -yo- adquiere matices característicos.
Ya desde el título se nos presenta el libro dominado pó-r la primera persona, enmarcado por el -yo- y el otro -personaje-: Platero.
Intentar analizar las motivaciones y peculiaridades del uso de esa primera persona no resulta, por lo tanto, caprichoso, puesto que es lo que condiciona la narración. Es preciso plantear desde el principio, aunque de todos es conocido, y volver a ello después con más detenimiento, que la primera persona en esta obra aparece con una dimensión fundamentalmente poética.
A la luz de esta afirmación indiscutible deberá desentrañarse la funcionalidad del -yo-. Roland Barthes hizo las precisiones necesarias con respecto a la primera persona, precisiones que vienen a esclarecer la figura del narrador.
Distingue tres facetas de ese -yo-: el narrador (quien cuenta la historia), el autor (persona cuyo oficio en la vida real es el de escritor) y el hombre, el que vive(l). Habría, sin embargo, que añadir a estas tres manifestaciones otra más: la de personaje dentro de la historia. Frecuentemente se ha entendido que la primera persona es real, así como la segunda, frente a la tercera, irreal ésta por entrar a formar parte directamente de la ficción novelesca.
Esta consideración, sostenida, entre otros, por Michel Burtor(2), es de dudosa aceptación.
La primera persona, para él, corresponde al autor, personaje real; la segunda, al lector —también real—, y la tercera se refiere a aquél de quien se cuenta la historia.
Sin embargo, la primera persona representa al narrador, no al autor, puesto que la obra literaria adquiere entidad propia ...






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