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Autor: Janer Manila

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Gabriel Janer Manila El rumor de los clásicos. Historias que fueron escritas para ser contadas Durante miles de años los hombres contaron historias y recitaron o cantaron versos en voz alta.
Puede que, a menudo, crearan aquellos textos orales a la vez que contaban o cantaban; porque al mismo tiempo que construían sus textos podían modificar su sentido, rehacer el significado, colorear con nuevos tintes sus creaciones.
Durante miles de años, la ficción transitó por la voz. No había que demostrar nada.
Simplemente mostrar mediante las palabras.
La palabra también es un gesto, la expresión de un estado interior, de una idea o de un sentimiento al que cada uno confiere su propia energía.
Esta proyección de las palabras sobre el cuerpo permite prolongar sus vibraciones, su dinámica y su significación profunda.
La expresión del rostro, los múltiples juegos de la mirada, los ritmos de la voz, todo el vocabulario gestual se ponen al servicio del texto literario oral.
El cuerpo que narra es un cuerpo que crea sentido y, mientras sugiere significados posibles, estimula y despierta la imaginación.
Entender que en la creación de sentido juegan un papel de primer orden las actitudes mentales, las competencias intencionales, los mecanismos psicológicos, es intentar comprender los fundamentos antropológicos de la ficción.
Sólo a partir de aquí seremos capaces de explicarnos por qué creamos ficciones, por qué nos interesan y nos encantan.
Por qué no podemos vivir sin ellas. Nunca conoceremos el tono de voz ni sabremos los gestos con que acompañó el joven diácono y profesor de Oxford, Charles Dodgson, conocido con el nombre de Lewis Carroll, el relato de las bellísimas y extravagantes historias de Alicia, a un pequeño grupo de niñas -Lorina, Alice y Edith Liddell-, la tarde del cuatro de julio de 1862.
Habían salido a pasear en barca por el río.
Charles remaba, camino de Godstow.
Ellas le pidieron que les contara un cuento.
Y empezó a contar la...






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