El Doctor Carlino de Luis de Góngora y la profanación de la honraReportar como inadecuado




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Autor: Dolfi

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Laura Dolfi El «Doctor Carlino» de Luis de Góngora y la profanación de la honra Universidad de Udine Escrita en 1613, muy pocos años después de la composición de Las firmezas de Isabela (1610), e interrumpida en pleno acto segundo1, la comedia del Doctor Carlino se presenta como texto complementario, desarrollo y confirmación de lo que Góngora afirma estructural y temáticamente en su obra dramática anterior.
La rigurosa unidad de lugar y tiempo que caracteriza el enredo vuelve a marcar la elección de un «arte» teatral contrario a los preceptos de Lope de Vega2; la presencia de un médico como protagonista y en general de un medio social no connotado, pero sin duda no noble, corresponden a la profesión mercantil de los personajes de Las firmezas de Isabela; y finalmente el rencor de Gerardo hacia los amigos desleales, quienes sin darlo a conocer galantean a su querida Casilda, remiten una vez más al problema de la honra que había sido enfocado para Lelio como obsesión temerosa de la inconstancia mujeril.
Antes, el tema del honor, propuesto de nuevo como primario motor del enredo, llega en el Doctor Carlino a sus consecuencias más extremas, no percibido ya como exigencia, aunque sí persistida, de prevención o de comprobación por parte del novio, sino más bien como necesidad ineludible de una venganza que sigue la ya averiguada consumación de la afrenta. Mudada, en el paso de una a otra comedia, la situación en la que el protagonista es llamado a defender su dignidad amorosa, sustituida la sospecha por la certidumbre, la desconfianza por la seguridad de la culpa, es hasta demasiado patente el recurso a la solución sangrienta de la historia.
Y esta solución parece configurarse como único final posible incluso para el protagonista, pues el comienzo de la comedia, sobreentendidos todavía los antecedentes, presenta a un Gerardo enojado dispuesto a retar a duelo a sus dos competidores, Tancredo y Enrico.
Las palabras espadas, duelo, manchar...






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