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Autor: Reyes

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Alfonso Reyes Los dos augures (Arranque de novela) Alfonso Reyes Tenía razón el difunto Henry James y la tendrán cuantos sigan novelando el dilema: el solo hecho de que exista una América distinta de Europa, separadas por un ancho mar y varios siglos de cultura, es, en sí, una fuente de inquietud.
Ahora se entiende por la buena y a veces se entiende por la mala, pero Juan Antonio Rosales y Domingo Carmona no eran lo bastante jóvenes para felicitarse de ser americanos.
Quiero decir que hasta sus cincuenta años cumplidos sólo llegaban muy apagados los ecos de las nuevas campañas y las nuevas profecías sobre el alto porvenir de América.
Y como eran gentes sin sensibilidad heroica ni gusto especial por los juegos desinteresados del espíritu, hay que conformarse con que tampoco sean precursores.
No: representantes medios de la generación en que viven metidos como una pintura en su marco: aquélla de los que –––––––– 27 –––––––– buscaban en la comodidad y los caminos ya abiertos el modo de acabar sus días en paz.
La conversación entre dos sujetos semejantes puede enseñar algo a los jóvenes y devolverles, con el sabor algo enmohecido de una tradición cuya utilidad no perciben al pronto, la punta del hilo que han de seguir desenredando durante unos cuantos lustros, para dejarlo después en manos más frescas y valientes.
Ya nadie cree ahora en muchas cosas; ya nadie se preocupa tanto por las teorías de la herencia, del mestizaje y qué sé yo.
Una firme voluntad de existir se abre paso, «cortando como cuchillo por pan» para usar la frase del Conde Olinos.
En el orden humano, la intención parece una energía natural tan eficaz como las otras, y acaso por la intención se purga el oro de la ganga y se inventa un nuevo tipo de hombre.
Y queremos lo que queremos, y nuestros hijos lo van a querer con más seguridad todavía. Así pues, no en nombre de lo paternal, sino en nombre de lo filial que hay en nosotros, entrad...






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