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Autor: Azorin

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Azorin La venta La venta está puesta en una angostura entre dos montañas y se llama venta de las Quebradas; es lugar muy pasajero.
Ha tenido la venta primero Antonio González, llamado el Moro y la tiene hoy su hijo Juan.
Hasta los veinte años estuvo Juan en el pueblo, distante cuatro leguas de la venta: fue a la escuela y se aficionó a los libros.
No podía desatender la herencia paterna y se convirtió en ventero.
Lleva bien la venta; tiene fama la venta de las Quebradas, que otros apellidan del Moro, entre los viandantes; a diferencia de lo que en otras ventas sucede, en esta hay recado abundante en la despensa.
En cierta ocasión, al hacer la limpieza de un cuarto, se vio que un viajero había dejado olvidada una maleta: estaría ya muy lejos el dueño; sin abrirla la tuvo Juan González tres o cuatro meses.
Al fin, cansado de esperar, la abrió y vio que contenía ropas de escaso valor y un ejemplar de la primera parte del Quijote. El libro de Cervantes estuvo dos o tres semanas en una mesita, al lado de la cama, sin ser abierto; había mucho trajín en la venta; cuando Juan se retiraba a descansar no sentía apetencias de lectura.
Pero un día, precisamente el día en que estaba más cansado, abrió el libro y comenzó a leer.
No pudo ya dejarlo; con avidez, una noche y otra, iba pasando las hojas.
Le divertía y le entusiasmaba la figura de don Quijote; unas veces era para él don Quijote un estafermo y otras un caballero.
En sus cavilaciones llegó Juan González a no saber si don Quijote era real o no: si existía efectivamente en el mundo o si sólo existía en la mente de su creador.
De todas suertes, puesto que don Quijote trafagaba por los caminos y posaba en las ventas, Juan González hubiera querido que su venta, la famosa venta de las Quebradas, fuese honrada con la presencia del caballero.
Tanto pensó en ello que el vehemente deseo se convirtió en agobio.
No olvidó, ciertamente, el cuidado solícito a los huéspedes; pero se comenzó a mu...






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