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Autor: Bécquer

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Gustavo Adolfo Bécquer OTRAS RIMAS ¿No has sentido en la noche, cuando reina la sombra, una voz apagada que canta y una inmensa tristeza que llora? ¿No sentiste en tu oído de virgen las silentes y trágicas notas que mis dedos de muerto arrancaban a la lira rota? ¿No sentiste una lágrima mía deslizarse en tu boca? ¿Ni sentiste mi mano de nieve estrechar a la tuya de rosa? ¿No viste entre sueños por el aire vagar una sombra, ni sintieron tus labios un beso que estalló misterioso en la alcoba? Pues yo juro por ti, vida mía, que te vi entre mis brazos, miedosa, que sentí tu aliento de jazmín y nardo, y tu boca pegada a mi boca. Yo me acogí, como perdido nauta, a una mujer para pedirla amor, y fue su amor, cansancio a mis sentidos, hielo a mi corazón. Y quedé de mi vida, en la carrera que un mundo de esperanza ayer pobló, como queda un viandante en el desierto: ¡a solas con su Dios! ¡Quién fuera luna, quién fuera brisa, quién fuera sol! . ¡Quién del crepúsculo fuera la hora, quién el instante de tu oración; quién fuera parte de la plegaria que solitaria mandas a Dios! . ¡Quién fuera luna, quién fuera brisa, quién fuera sol!. Apoyando mi frente calurosa en el frío cristal de la ventana, en el silencio de la oscura noche de su balcón mis ojos no apartaba. En medio de la sombra misteriosa su vidriera lucía iluminada, dejando que mi vista penetrase en el puro santuario de su estancia. Pálido como el mármol el semblante, la blonda cabellera destrenzada, acariciando sus sedosas ondas, sus hombros de alabastro y su garganta, mis ojos la veían, y mis ojos al verla tan hermosa, se turbaban. Mirábase al espejo; dulcemente sonreía a su bella imagen lánguida, y sus mudas lisonjas al espejo con un beso dulcísimo pagaba. Mas la luz se apagó; la visión pura desvanecióse como sombra vana, y dormido quedé, dándome celos el cristal que su boca acariciara. Si copia tu fren...






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