La novia del hereje IReportar como inadecuado




La novia del hereje I - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: López

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Vicente Fidel López La novia del hereje o La inquisición de Lima Tomo segundo Capítulo XIX Una conversión Don Antonio Romea, que había quedado desmayado en la Iglesia como saben nuestros lectores, recobraba sus sentidos cuando la fugitiva luz de la tarde empezaba a poner de más en más sombrío el templo solitario. Al levantar su cabeza la sintió torpe, y como oprimida por una profunda melancolía.
En medio de aquel lúgubre silencio que lo rodeaba, empezó a venirle una especie de recuerdo vago de las tribulaciones y de las maldades en que había estado envuelto.
Presentábasele este [2] recuerdo como si fuera una visión triste y remota que lo viniese desde el mundo de los vivos hasta la región de olvido y de perdón en que le parecía hacer ya tiempo que habitaba.
Aquel silencio solemne del templo, aquella inmovilidad sombría de las imágenes, la conciencia de su delito, la pérdida de sus esperanzas, y sobre todo las creencias profundas con que todo hombre rendía culto en aquel tiempo a estos accidentes visibles del catolicismo, influían de más en más en el alma del desdichado para ponerla en un estado místico intermedio al del terror del castigo y la esperanza en la misericordia divina.
La idea de Dios había empezado a llenar su alma como el único asilo contra el terror de sus maldades y el grito de sus víctimas que de cuando en cuando creía oír. El sonido de una puerta que se abrió, y un rumor lejano de pasos y voces contenidas, vino a perturbar las místicas sensaciones de Romea. Sintió rodar por las bóvedas del templo el tropel de los mismos pasos y morir como si en alguna parte de él se hubiese detenido y acomodado los que lo causaban.
Una voz ronca y sonora empezó un momento después un rezo solemnísimo, uniéndosele en coro un ciento de otras voces que parecían [3] remedar el tono de los lamentos que el condenado debe dirigir al cielo desde las llamas infernales. Don Antonio conoció entonces que era la Comunidad que rezaba l...






Documentos relacionados