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Autor: Pardo Bazán

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Emilia Pardo Bazán La manga Nati terminó, ante el modesto armario de luna, su tocado y sus aprestos de coquetería.
La tarea de prender el sombrero no fue corta.
Era uno de esos sombreros inconmensurables que son el encanto, el susto y la ruina de una familia burguesa durante una estación.
Había costado ciento diez pesetas redondas, y esa suma, para los padres, representaba no escasas privaciones, un desequilibrio en el presupuesto, la supresión, durante dos meses, del plato de carne en la cena, sustituido por un guisado de patatas o unos panchos fritos. ¡Paciencia! No se podía prescindir de que «la niña» luciese el sombrero que impone forzosamente la moda, y que, en este año de gracia, ha pegado un salto desde los precios admisibles de ocho y diez duros, hasta los de veinte como mínimum.
¿Quién cuenta con eso, vamos a ver? Porque nada ha subido tan sensiblemente: si los comestibles encarecen, no hasta tal punto; suben anualmente, de un modo imperceptible, mientras el sombrero se lanza en vertiginoso arranque.
Y, al cabo, de comer se prescinde, no de golpe., pero vamos, así, poquito a poco -en relación con la carestía de los comestibles-; pero el sombrero es lo sacrosanto.
Cuando una muchacha tiene veintiocho años ya, palmito muy celebrado, está llamando la atención en un pueblo donde acaba de llegar su padre a desempeñar un empleo, y espera fundadamente el fénix matrimonial, cazable con la liga de ese artefacto que, bajo sus alas enormes, presta a la señorita honrada la provocación atractiva de las cupletistas y las cocotas en los grandes casinos internacionales. Nati se miraba en el espejo turbio del armario desvencijado, adquirido de lance.
Tal sombrero debiera reflejarse en las triples lunas de lujoso tocador.
No había duda; era feliz casualidad haber encontrado, por sólo veintidós duros, tal sombrero.
No se presentaría en el salón del paseo otro así.
Una creación, un modelo de París que llegó algo tarde para ser copiad...






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