La guerra civilReportar como inadecuado




La guerra civil - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: Curros Enríquez

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Manuel Curros Enríquez La guerra civil Oda Pueblos, oíd; en nombre de la sublime caridad cristiana, oíd; que no del hombre en la conciencia, vana ni estéril esta voz, dulce y piadosa,5 fue a resonar jamás.
¡No, nunca! Pudo del bárbaro del Norte el brazo airado sobre Europa caer, de encono ciego; alzar pudo, entre fuego, con sangre y con cenizas amasado,10 sobre la tierra atónita su solio; mas el furor de su opresora planta, la tiránica ley de su hacha impía, todo cesó cuando, -¡Piedad!- clamaron las vírgenes ocultas15 bajo el amplio dosel del Capitolio. Y ¿quién, sino este acento contuvo en su carrera asoladora al infausto Alarico y al sangriento Odoacro feroz? ¿Quién la en mal hora [176]20 comenzada pelea, sostenida por dos pueblos indómitos del Rhino en la margen florida, maldijo y condenó -bárbara guerra-, escándalo del siglo y de la tierra?25 ¡La caridad tan sólo! Ella, que mora en átomos y mundos; ella, aliento de la inmensa creación, alma que vela, como eterno, inmutable centinela de cuanto Dios a su mirada fía,30 por el orden del mundo y la armonía. ¡España! Hermanos míos, los que españoles sois, los que en la Historia tantos timbres tenéis de inmarcesible no profanada gloria;35 ¡oh, sí! Escuchad el cántico vehemente de mi entusiasta lira: por nuestra paz ha muerto el que la inspira, ¡y paz ha de llevar de gente en gente! ¡Ay! De la orilla plácida del Duero40 a las feraces crestas de Barcino, oigo el monstruo bramar.
Del monte al llano corre la sedición, y a la pelea concitando los hombres, doquier miro allí el pendón guerrero al viento ondea.45 El alma opresa por angustia extraña, en vano tiendo con afán mis ojos del llano a la montaña, y en vano clamo y digo: «¿Dónde está el extranjero, el enemigo50 de mi querida España?» ¡Que nadie me responde más que mis propios ecos, que se pierden vibrando «¡dónde.
dónde!.» ¿Será que de Cartago [177]55 las errantes legiones aguerridas vuelven a sorp...






Documentos relacionados