Un hombre irascibleReportar como inadecuado




Un hombre irascible - Descarga este documento en PDF. Documentación en PDF para descargar gratis. Disponible también para leer online.



Autor: Chejov

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Anton Chejov Un hombre irascible 2006 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Anton Chejov Un hombre irascible Yo soy un hombre formal y mi cerebro tiene inclinación a la filosofía.
Mi profesión es la de financiero.
Estoy estudiando la ciencia económica, y escribo una disertación bajo el título de «El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros».
Usted comprenderá que las mujeres, las novelas, la luna y otras tonterías por el estilo me tienen completamente sin cuidado. Son las diez de la mañana.
Mi mamá me sirve una taza de café con leche.
Lo bebo, y salgo al balconcito para ponerme inmediatamente a mi trabajo.
Tomo un pliego de papel blanco, mojo la pluma en tinta y caligrafío «El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros». Reflexiono un poco y escribo: «Antecedentes históricos: A juzgar por indicios que nos revelan Herodoto y Jenofonte, el impuesto sobre los perros data de.»; en este momento oigo unos pasos muy sospechosos.
Miro hacia abajo y veo a una señorita con cara larga y talle largo; se llama, según creo, Narinka o Varinka; pero esto no hace al caso; busca algo y aparenta no haberse fijado en mí.
Canta: «Te acuerdas de este cantar apasionado.» Leo lo que escribí y pretendo seguir adelante.
Pero la muchacha parece haberme visto, y me dice en tono triste: -Buenos días, Nicolás Andreievitch.
Imagínese mi desgracia.
Ayer salí de paseo, y se me perdió el dije de mi pulsera. Leo de nuevo el principio de mi disertación, rectifico el rabo de la letra b y quiero continuar; mas la muchacha no me deja. -Nicolás Andreievitch -añade-, sea usted lo bastante amable para acompañarme hasta mi casa.
En la de Karenin hay un perro enorme, y yo no me atrevo a ir sola. ¿Qué hacer? Dejo a un lado mi pluma y desciendo.
Narinka o Varinka me toma del brazo y ambos nos encaminamos a su morada.
Cuando me veo precisado a acompañar a una señora o a una señorita siéntome como un gancho, del c...






Documentos relacionados