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Autor: Rilke

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Rainer Maria Rilke El Fantasma 2006 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Rainer Maria Rilke El Fantasma El conde Pablo pasaba por irritable.
Cuando la muerte le arrebató prematuramente su joven esposa, lo arrojó todo tras ella: sus propiedades, su dinero y hasta sus queridas. Servía entonces en los dragones de Windischgrätz. El barón Stowitz le dijo un día: -Posees la boca de la difunta condesa. Esas palabras conmovieron al viudo.
Desde entonces, tenía siempre un vaso de vino al alcance de la mano.
Parecíale que era el sólo medio que tenía de ver esa boca amada llegando constantemente a su encuentro.
El hecho es que dos años más tarde ya no le quedaba ni un cobre. Sin embargo, cuando un día nos encontramos, por azar, en la vecindad de uno de los dominios de familia de Felderode, el conde nos invitó a acompañarlo. -Es necesario que os muestre el lugar de mi dicha -declaró y, volviéndose hacia las damas-: El sitio donde se ha deslizado mi infancia. Un lindo atardecer de agosto llegamos en gran número a Gran-Rohozec.
El buen humor del conde nos había demorado.
Estaba chispeante de espíritu.
Nos sentíamos encantados los unos con los otros y no adelantábamos.
Al fin decidimos, pues la hora de las visitas había pasado, ir al castillo recién al día siguiente y asistir a la puesta del sol desde lo alto de la ruina. -¡Mi ruina!- exclamó el conde, y parecía envolver su esbelta silueta en esas viejas murallas como en una capa de oficial.
Tuvimos la sorpresa de descubrir allí arriba un pequeño albergue, y nuestro humor se puso más alegre aún. -Estoy apegado a esas viejas piedras con todas mis fibras-proclamó el conde Pablo, yendo y viniendo detrás de las almenas del torreón. -¿Te han anunciado para mañana nuestra visita a allá abajo? Y una voz de mujer inquirió: -¿A quién pertenece ahora Gran-Rohozec? El conde hubiera hecho, de buen grado, oídos sordos: -¡Oh, un excelente joven!.
Financista, na...






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