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Autor: Chejov

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Anton Chejov El camaleón 2006 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Anton Chejov El camaleón Por la plaza del mercado pasa el inspector de Policía Ochumelof, vistiendo su gabán nuevo y llevando un paquete en la mano.
Detrás de él viene el guarda municipal, rojo, de pelo hirsuto, con un cedazo repleto de grosellas confiscadas. Reina un silencio completo.
En la plaza no hay un alma.
Las puertas abiertas de las tiendas y de las tabernas parecen bocas de lobos hambrientos.
Junto a ellas no se ven ni siquiera mendigos. -¡Me muerdes, maldito! ¡Chicos, a cogerlo! ¡Está prohibido morder! ¡Cógelo! ¡Por aquí!. Óyense aullidos de perro.
Ochumelof mira en derredor suyo y ve que del depósito de maderas del comerciante Pickaguin se escapa un perro, con una pata encogida.
Persíguelo un hombre en mangas de camisa y chaleco desabrochado.
Este hombre corre a todo correr y cae, pero logra agarrar al perro por las patas de atrás.
Resuenan un segundo aullido y gritos: «¡No le sueltes!» Por las puertas asoman caras somnolientas, y al cabo de pocos minutos, una gran cantidad de gente aglomérase delante del almacén. -Es un escándalo público -exclama el guardia municipal. Ochumelof da una vuelta y se acerca al gentío.
En el umbral de la puerta está un hombre en mangas de camisa, el cual, levantando el brazo, muestra su dedo ensangrentado a la muchedumbre.
Su voz y su gesto aparecen triunfantes.
Su dedo semeja una enseña victoriosa.
Diríase que todo su rostro, y aun él mismo, quieren expresar «Ya me las pagaréis todas». Ochumelof reconoce al hombre.
Es el joyero Hrinkin.
En medio del círculo, temblando con todo su cuerpo, está sentado el culpable: un cachorro lebrel, con el hocico en punta y manchas rubias en el lomo.
Sus ojos revelan su terror. -¿Qué ocurre? -interroga Ochumelof, introduciéndose entre la gente-. ¿Qué pasa? ¿Quién grita? ¿Qué ocurre con el dedo? -Verá usted.
Yo pasaba tranquilamente, sin...





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