La novela en el tranvíaReportar como inadecuado




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Autor: Pérez Galdós

Fuente: http://www.biblioteca.org.ar/


Introducción



Benito Pérez Galdós La novela en el tranvía 2006 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Benito Pérez Galdós La novela en el tranvía I El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para atravesar todo Madrid en dirección al de Pozas.
Impulsado por el egoísta deseo de tomar asiento antes que las demás personas movidas de iguales intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera de la imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo instante ¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto lado entraba.
Le miro y reconozco a mi amigo el Sr.
D.
Dionisio Cascajares de la Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que tuvo en aquella crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero y entusiasta apretón de manos. Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto sombrero de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer inglesa, que tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió, sin duda por falta de agilidad, el rechazo de su bastón. Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a charlar.
El señor don Dionisio Cascajares es un médico afamado, aunque no por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un hombre de bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar lo ajeno, ni a matar a sus semejantes por otros medios que por los de su peligrosa y científica profesión.
Bien puede asegurarse que la amenidad de sus trato y el complaciente sistema de no dar a los enfermos otro tratamiento que el que ellos quieren, son causas de la confianza que inspira en multitud de familias de todas jerarquías, mayormente cuando también es fama que en su bondad sin límites presta servicios ajenos a la ciencia, aunque siempre de índole rigurosamente honesta. Nadie sabe como él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio público, ni ninguno tiene e...






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